No obstante el matrimonio es la base de la sociedad, al parecer nadie ha dedicado tiempo para examinar el costo de esta institución sobre todo porque en esta se encuentran involucrados dos seres humanos y otros que sin solicitarlo y, muchas veces irresponsablemente, traídos al mundo para bien o para mal. Dos personas que han de renunciar a muchas cosas entre las cuales la más valiosa está íntimamente ligada a todo ser viviente. La libertad. Pero no todo es malo, hay infinidad de satisfacciones, como la sexual, que lamentablemente es tan efímera y que causa el deterioro de la relación de la pareja. Sumado a esto, la inconcebible y errada educación que se le imparte las mujeres y a los hombres. Dos géneros educados en una forma tal donde las féminas se les asegura ser un personaje superior y con carta blanca para hacer lo que le da la gana y en la otra parte un hombre disminuido sexualmente desde niño donde se le impide y condena el Edipo niño-madre y más bien se tolera y hasta de alienta el Edipo niña-padre, partida de nacimiento para una desventaja para él. Una vez devaluado el hombre, éste va sumiso a la renunciación de sus libertades elementales y más aún a su identificación personal respecto a su hábitat natural de por vida. En el mundo occidental, el sub mundo social creado y desarrollado en la América latina representa una espantosa realidad matriarcal donde el hombre es un ser devaluado total. La totalitaria libertad de acción de la mujer respecto al hombre y la nulidad y condena automática de tal facilidad del hombre para con la mujer, hace desde el inicio, la inviabilidad de una institución como el matrimonio a la latina. Desde que ambos actores no tienen los mismos derechos, la institución se transforma en írrita. Otros aspectos no considerados son aquellos donde se impone, sólo por costumbre o moda, una serie de actos descalificados por sociólogos, sicólogos y expertos en relaciones humanas en la convivencia. Compartir una cama con un solo juego de sábanas y un dormitorio para dormir a diario es antihigiénico, falto del necesario misterio y totalmente inelegante, lo que se transforma en la cuota inicial para la pérdida de la consideración y respeto mutuo. Es sabido que el exceso de intimidad es causa de menosprecio. Para el hombre vivir toda su vida en un hogar femenino, prácticamente sin voz ni voto en el hogar, donde se le exige permanentemente su puntual presencia diaria por un número limitado de horas, pero que sin embargo no se le tolera más de dos días de permanencia sin salir. Esta realidad es realmente patética. La puerta falsa por donde el hombre, en la mayoría de los casos, suele encontrar la vía de escape está tan a la mano como la secretaria que le ofrece la parte agradable de la vida, la atención, obediencia, admiración, cuidado y, cuántas veces hasta la satisfacción sexual que ya no encuentra en su propio hogar. La mujer latina, es dominante hasta la exageración, alienada desde que nace a creer que los hombres son una especie de sirviente-semental-paño de lágrimas-máquina de producir dinero-protector-guardaespaldas-niñera-jobiano-solucionador de problemas de todo tipo-mandadero-chófer las 24 horas entre otras cosas, sabe que puede tener a su hombre a raya por una cuota vaginal. El hombre alienado desde que nace, creerá toda su vida que debe someterse a la cuota vaginal y por ello, es capaz de los mayores sacrificios y humillaciones a los que someterá hidalgamente como todo un hombre y caballero, vale decir, como un pobre imbécil. En países del primer mundo, la cosa no es tan grave, pero la prendita de la vagina está tan vigente como en casi todo el mundo. No digo que lleguemos a la era cavernaria de tomar la iniciativa mediante un bate de béisbol, pero tan necesitados son los hombres como las mujeres en el sexo, que habría que establecer que la iniciativa puede partir de ambos lados en forma igualitaria. Acabar con la frescura de las mujeres que tienen la costumbre y la férrea creencia que sus caricias no será rechazada por ningún hombre y que lo contrario es para ellas inadmisible. Las mujeres pueden con absoluta libertad besar, tocar, desvestir, y copular con un hombre cuando les da la real gana y consideran lo opuesto como algo intolerable y hasta demandable legalmente. El hombre en su infinita y permanente estulticia, sufre el totalitarismo de la niñez y la adolescencia, llena de prohibiciones, hasta que alcanza la madurez y recién conoce la libertad, lo más preciado de todas las especies, sin embargo, él mismo busca vivir nuevamente en la esclavitud y acepta a otra madre con la cual recién podrá al fin satisfacer su frustrado Edipo hijo-madre(1) Es tan, un disminuido sexual, que sólo por gozar de esta experiencia, vuelve a someterse al totalitarismo matriarcal, sólo que esta vez la opta de por vida. ¿Puede haber en la creación animal más estúpido que el hombre? Es que el ser humano es distinguidamente pertinaz, sí, en errar. ¿Por qué los hombres siguen tolerando este vejamen?
(1) Edipos
Término médico perteneciente a la Psiquiatría. Se dice según Sigmund Freud, el creador del Psicoanálisis, que los hijos se enamoran de su madre (Complejo de Edipo) y las hijas del padre (Complejo de Electra), en psicoanálisis, nombre con el que se denomina el deseo sexual que siente la hija hacia el padre, acompañado por un sentimiento de rivalidad hacia la madre y un concomitante deseo inconsciente de su muerte. El término complejo de Electra fue acuñado por el psicólogo suizo Carl G. Jung. Freud sostiene que los hijos (as) mantienen una relación íntima con la madre mientras ésta los amamanta.
Historia de Edipo
Edipo, en la mitología griega, rey de Tebas, hijo de Layo y Yocasta, rey y reina de Tebas respectivamente. El oráculo de Delfos advirtió a Layo que sería asesinado por su propio hijo. Decidido a rehuir su destino, ató los pies de su hijo recién nacido y lo abandonó para que muriera en una montaña solitaria. Un pastor recogió al niño y se lo entregó a Pólibo, rey de Corinto, quien le dio el nombre de Edipo (pie hinchado) y lo adoptó como su propio hijo. El niño no sabía que era adoptado y, cuando un oráculo proclamó que mataría a su padre, abandonó Corinto. Durante su travesía, encontró y mató a Layo, creyendo que el rey y sus acompañantes eran una banda de ladrones y así, inesperadamente, se cumplió la profecía.
Solo y sin hogar, Edipo llegó a Tebas, acosado por un monstruo espantoso, la Esfinge, que andaba por los caminos que iban a la ciudad, matando y devorando a todos los viajeros que no sabían responder al enigma que les planteaba. Cuando Edipo resolvió acertadamente el enigma, la esfinge se suicidó. Creyendo que el rey Layo había muerto en manos de asaltantes desconocidos, y agradecidos al viajero por librarlos del monstruo, los tebanos lo recompensaron haciéndolo su rey y dándole a la reina Yocasta por esposa. Durante muchos años la pareja vivió feliz, sin saber que ellos eran en realidad madre e hijo.
Entonces descendió una terrible peste sobre la tierra, y el oráculo proclamó que debía ser castigado el asesino de Layo. Pronto Edipo descubrió que involuntariamente había matado a su padre. Atribulada por su vida incestuosa, Yocasta se suicidó y, cuando Edipo se dio cuenta de que ella se había matado y que se condenaba a sus hijos, se quitó los ojos y abandonó el trono. Vivió en Tebas varios años pero acabó desterrado. Acompañado por su hija Antígona, vagó durante muchos años. Finalmente llegó a Colono, un santuario cerca de Atenas consagrado a las poderosas deidades llamadas Euménides. En este santuario para suplicantes murió Edipo, después de recibir la promesa del dios Apolo de que el lugar de su muerte permanecería sagrado y otorgaría un gran beneficio a la ciudad de Atenas, que había dado refugio al vagabundo.
Satiriasis: exaltación del impulso sexual, jerga médica. De Sátiro, personaje de la mitología griega.
Andromanía o ninfomanía: del personaje de la mitología griega Ninfa. Las ninfas eran consideradas muy agresivas en su conducta sexual.
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